martes, 2 de enero de 2018

Habitación 60. Cuento

Comienzo el año 2018 compartiendo con ustedes un cuento que me gusta mucho y que me ha brindado muchas satisfacciones. Espero que les guste, o al menos, que no les disguste mucho.


Habitación 60
De: Arturo Pérez Arteaga:.

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Él llegó al sitio bien temprano aquella mañana de sábado, siguiendo lo pautado la noche anterior. Se apresuró a solicitar posada y luego de tener que lidiar con el trasnochado mal humor de la encargada, se hizo de las llaves de la habitación 60. Presuroso subió las angostas escaleras y entró de inmediato al encontrar la puerta del cuarto que le correspondía en el segundo piso. En ese momento, sólo restaba esperar. El tiempo a partir de allí se hizo amodorrado y torpe, por más que miraba las agujas de su reloj éstas no querían avanzar, se lo acercó a la oreja y hasta llamó a la recepción para validar que el aparato aún funcionaba. Se tiró en la cama vestido y sin habérselo propuesto, durmió profundamente.



Lo despertó el llamado sutil que a la puerta sintió, se levantó de inmediato, aclaró sus ojos y la abrió. Allí estaba ella, hermosa como la recordaba. Él sintió algo de vergüenza al verla, porque sus dudas sobre la asistencia a esa cita lo habían puesto muy ansioso y llegó a creer en la posibilidad de que ella no acudiera. 


En adelante la historia y el reloj se aceleraron, las horas parecían segundos y los días minutos, el amor y la entrega fueron totales, la esencia de los besos y sus alientos inundaron toda la habitación, el hotel y hasta las calles de los alrededores. La pasión se podía respirar, se podía sentir desde lejos.


Después de varios días que se transformaron en semanas y luego en meses, en la administración del hotel se preocuparon por el bienestar de los huéspedes de la habitación 60. Enviaron a un emisario a verificar como estaban, de manera muy discreta, tocó a la puerta y preguntó: “¿todo bien allí?, ¿se retirarán hoy?” y la respuesta que surgió como un suspiro del interior le dijo: “No, aún nos falta”.


Desde esa tarde, cada día un encargado sube las escaleras y hace las mismas preguntas frente a esa puerta, obteniendo idéntica respuesta.      

-APA-

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